[Fic] Corazón de mudanza - título provisional (Spanish and French)
Par Amber, mardi 5 septembre 2006 à 20:35 :: [Fanfictions] :: #273 :: rss
Titre: Corazón de mudanza
Auteur: Amber
Rating: G
Disclaimers: Editorial Dupuis
Catégorie: Angst
Notes: Idea surgida a raíz de una conversación con drakys sobre su último drabble publicado en 52_saveurs. Título provisional, sacado de la canción homónima de Txontxu, cantada a dúo con Ella Baila Sola (j'accepte sugéreces pour un titre meilleur svp ^^UUU)...
EDIT: Maitenant que Krys vient de la corriger, je vous laisse aussi la correspondante traduction en français ^^
La casa se le echaba encima.
Ésa era la angustiante sensación que sobrevenía a Fantasio cada vez que veía el vacío de la casa de su tío. Un vacío que junto con el imperante silencio de la vivienda, le hacía sentirse muy solo.
Solo en medio de aquella casa tan grande.
Bien era cierto que era una casa excelente. Y nunca agradecería a su Tío Tanzafio (que en paz descanse) lo suficiente el hecho de que le cediera aquella mansión de dos pisos, situada en medio de un campo por lo demás desierto, donde se respiraban una calma y tranquilidad absolutas. Una casa que hasta entonces se había empeñado en mantener limpia y ordenada, a pesar de que el notario Mordicus decidiera dejarla abandonada, so pretexto que no se la mencionaba en el testamento de su tío. Y de hecho, cuando, después de que la casa pasara a ser propiedad suya de forma oficial, contratara a los albañiles para empezar con las reformas, lo hizo con la intención expresa de irse a vivir en ella.
A los tres días, sin embargo, ya empezó a sentir la angustiosa sensación de vacío que reinaba en aquella casa. La mayor parte del tiempo se lo pasaba trabajando en sus reportajes pero, al terminar, el silencio volvía a pesar en su alma como la losa de una lápida. De ahí que para distraer su atención había decidido ocupar su tiempo libre en hacer pequeñas chapucillas. Había alicatado de nuevo el cuarto de baño, ordenado alfabéticamente todos los libros de la biblioteca, abrillantado el parqué… él, que nunca había sido un obseso de la limpieza (más bien todo lo contrario; como acostumbraba a ausentarse muchas veces por viajes de trabajo, a su regreso la casa siempre parecía un completo desastre) y ahora se ponía a limpiar la vajilla y los cristales de las ventanas y a pasar el aspirador lo menos unas tres veces al día.
Hoy le había dado por hacer agujeros en la pared con el taladro, sólo para poner unos estantes en el salón. ¿Porqué? Pues porque los estantes siempre hacen bonito en un salón…
… o quizás simplemente como medio de burlar su soledad…
Hacía tan sólo una semana que se había mudado de casa de Spirou y ya la echaba de menos. Echaba de menos su vida en aquella casa, más que la casa en sí… Y no es que le gustara eso de tener que limpiar cada mes aquel maldito garaje que acumulaba cada vez más polvo y recuerdos de sus viajes junto al pelirrojo. Tampoco echaba de menos aquel sofá tan incómodo en el que siempre se quedaba dormido viento las noticias con Spip sobre su regazo y al que atribuía siempre el hecho de que se levantara a la mañana siguiente con un dolor de cuello impresionante. Desde luego no echaba para nada de menos el tener que apretarse el cinturón todos los meses para pagar las facturas del agua y el gas, siempre demasiado desorbitados para sus bolsillos aunque apenas gastaran nada, porque él y Spirou se pasaban la mayor parte del año de reportaje en reportaje en la otra punta del mundo.
Echaba de menos las pequeñas cosas… como aquel manzano que todos los años entre septiembre y octubre les daba kilos y kilos de manzanas que luego usaban para hacer compota… levantarse y que el primer olor que llegara a sus fosas nasales fuera el aroma del café que Spirou siempre preparaba para ambos (porque el pelirrojo siempre había sido mucho más madrugador) … trabajar en los reportajes hasta altas horas de la madrugada y acabar los dos completamente hechos polvo, pero sonrientes y con la sensación del deber cumplido.
También echaba de menos el salir con él de vez en cuando al cine o a dar una vuelta por el barrio para despejar las ideas. Y bromear sobre las cosas que les pasaban cada día, recordar los viejos tiempo y ordenar los álbunes de fotos, fotos que conservaban el recuerdo de sus viajes alrededor del globo… echaba de menos la manera en que Spirou le levantaba el ánimo en aquellas épocas de depresión galopante que le hacían ver todo negro… consolar a su mejor amigo cuando era él el que se deprimía…
Apoyarse el uno en el otro, compartir cada instante de sus vidas, decir todo sin decir nada… habían estado unidos como hermanos durante años y sin embargo, a pesar de que seguían trabajando juntos y se llamaban todos los días, le sentía más distante que nunca.
Y todo por haberse ido a vivir solo.
Solo con su mudanza, solo en aquella casa que se le antojaba aún más grande sólo porque Spirou no estaba junto a él.
Resultaba curioso el enorme vacío que podía llenar una sola persona…
Distraído con tan negros pensamientos, el taladro se le había desviado demasiado a la derecha, escapando de su control. Para cuando pudo pararlo, al tiempo que soltaba una sarta de improperios contra el aparato, ya era demasiado tarde; donde sólo debía haber un pequeño agujero por donde pudiese pasar un tornillo, había una antiestética línea curva que prácticamente alcanzaba el marco de la ventana.
Se rascó la cabeza frustrado… y de pronto una idea maquiavélica vino a su mente. Le puso al taladro la broca del 30 y procedió ensanchar el agujero y continuar el rastro de la línea dejada anteriormente hasta hacer un círculo entero. Tras lo cual, cogió el martillo y empezó a golpear la pared, hasta reducir aquella zona a un montón de cascotes y polvo.
Satisfecho, se sacudió las manos y cogió el móvil que descansaba en una silla. Marcó un número de su agenda y esperó.
- ¿Spirou? Oye, ¿puedes pasarte esta tarde por mi casa? Esos vagos albañiles me han hecho una verdadera chapuza, necesito que me eches una mano… ¡Ah! Y trae ropa para cambiarte, porque me temo que nos va a llevar todo el fin de semana para arreglarlo…
- ¿Todo el fin de semana? – exclamó Spirou sorprendido al otro lado de la línea - ¡Ni que te hubieran hecho un boquete en la pared!
FIN
Il ne pouvait supporter être dans cette maison.
C’était l’angoissante sensation qui arrivait à Fantasio chaque fois qu’il voyait le vide de la maison de son oncle.
Un vide rejoignant avec le dominant silence de l’immeuble le faisait sentir seul.
Seul au millieu cette maison si grande.
C’est vrai tout de même que la maison était excellente. Il ne pourrait jamais remercier suffisamment son oncle (qu’il repose en paix) le fait qu’il lui avait légué sa maison à deux étages, au millieu de la campagne déserte, où on pouvait sentir un calme et une tranquilité absolus. Une maison à laquelle, jusqu’à ce moment-là, il s’était entêté de la maintenir nettoyée et ordonnée, même quand le notaire Mordicus l’avait laissée à l’abandon, sous prétexte qu’elle n’était pas mentionée au testament de son oncle. Et en fait, quand, une fois que la maison était devenue sa proprieté de façon officielle, il avait engagé des maçons pour commencer avec les réformes, il l’avait fait avec l’intention immédiate d’y emménager là.
Pourtant, trois jours après, il a déjà commencé à sentir l’angoissante sensation de vide qui régnait dans la maison. La plupart du temps, il était occupé avec la réalisation de ses reportages, mais une fois terminé, le silence pesait à son âme comme une pierre tombale. Voilà pourquoi, pour se distraire, avait-il décidé d’occuper son temps libre en faisant des petits bricolages. Il avait carrelé de nouveau la salle de bain, ranger par ordre alphabétique tous les livres de la bibliothèque, cirer le parquet… lui, qui n’avait jamais été un obsédé de l’hygiène (au contraire; comme il s’accotumait à s’absenter plusieurs fois pour voyages de travail, à son retour, la maison paraissait toujours comme un désastre complet) le voilà maitenant nettoyant la vaisselle, les fenêtres et passant l’aspirateur au moins trois fois par jour.
Aujourd’hui il s’est mis dans la tête l’idée de vouloir faire des trous au mur avec la perceuse pour mettre des étagères dans le salon. Pourquoi? Bien, parce que les étagères font toujours beau dans un salon…
… ou peut-être tout simplement pour tenter de tromper sa solitude…
Cela faisait juste une semaine qu’il avait déménagé de chez Spirou et ça lui manquait dejà. Il manquait plus sa vie dans cette maison que la maison en soi-même… Et ce n’était pas qu’il aimait nettoyer à tous les mois ce fichu garage, qui accumulait de plus en plus de poussière et souvenirs de ses voyages avec le rouquin. Il ne lui manquait non plus ce divan si incommode à lequel il s’était endormi plusieurs fois en voyant la télé, avec Spip sous son giron, et auquel il attribuait toujours le fait qu’il se levait au jour suivant avec un mal au cou impresionant. Et bien sûr, il ne regrettait pas d’avoir à se serrer le ceinture tous les mois pour payer les factures de l’eau et du gaz, toujours trop exorbitants pour ses poches même s’il ne dépensait persque rien, car lui et Spirou étaient la plupart de l’année en éternel reportage à l’autre bout du monde.
Il lui manquait les petites choses… comme ce pomier qui, tous les années, entre septembre et octobre, lui donnait des kilos de pommes qu’ils utilisaient après pour faire de la compote… se lever et que la première odeur qui arrivait à ses fosses nasales fut l’ârome du café que Spirou préparait pour les deux (puisque le rouquin était toujors plus matinal)… travailler ensemble dans leurs reportages jusqu’à l’aube et finir les deux, crevés, mais souriants et avec la satisfaction du devoir accompli.
Il regrettait aussi ces sorties avec lui, de temps en temps, pour aller au cinéma ou pour faire un tour au quartier pour ordonner ses idées. Et plaisanter sur les choses qui s’étaient passées durant la journée, se rappeler du bon temps et ranger les albums de photos, photos qui conservaient le souvenir de ses voyages autour du globe… il lui manquait la façon dont Spirou lui remontait le moral, dans ces périodes de déprime galopante qui lui faisait voir tout noir… consoler son meilleur ami quand c’était lui qui était avec la déprime…
S’appuyer l’un sur l’autre, partager chaque instant de leur vie, se dire tout sans dire un mot… ils avaient été unis comme bons frères pendant des années et pourtant, même s’ils travaillaient encore ensemble et se téléphonaient tous les jours, il le trouvait plus distant que jamais.
Et tout pour être parti à vivre tout seul.
Seul avec son emménagement, seul avec cette maison qui lui donnait l’impresion d’être plus grande juste parce que Spirou n’était pas avec lui.
C’était drôle comme un vide si grand pouvait être rempli par une seule personne…
Distrait par de telles noires pensées, la perceuse avait dévié trop à droite, échappant à son contrôle. Quand il réussit à l’arrêter, laissant échapper au même temps un chapelet d’injures contre l’appareil, il était trop tard; là où il devait y avoir un petit trou pour y mettre une vis, il y avait une inesthétique ligne courbée qui arrivait presqu’au cadre de la fenêtre.
Il se gratta la tête, frustré… et soudain une idée machiavélique vint à son esprit. Il posa sur le perceuse la mèche de 30mm et procéda à agrandir le trou et suivre le tracé de la ligne laissé antérieurment jusqu’à compléter un cercle entier. Après ça, il saisit le marteau et commença à frapper le mur, jusqu’à réduire la zone à un tas de décombres et poussières.
Satisfait, il se secoua les mains et saisit le mobile qu’il avait laissé sur une chaise. Il composa un numéro de son agenda et patienta.
- Spirou? Dis, peux-tu passer par ma maison cet après-midi ? Ces fainéants de maçons m’ont fait un véritable bâclage, j’ai besoin de que tu me donnes un coup de main… Ah! Et apporte des vêtements pour te changer, je crains que ça nous prendra tout le weekend pour l’arranger…
- Tout le weekend? – fit Spirou, surpris, à l’autre bout de la ligne – Comme s’ils t’avaient fait un trou au mur!
FIN

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