UN ENCUENTRO: ZORGLUB ET ZANTAFIO MEETING! (only spanish)

FIC: UN ENCUENTRO

Calificación: Si no les preocupa el desarrollo de una historia moralmente ambigua, esta es su fiction! Inspirada en “Michelle‿, de Amber. Ma promesse est une prochaine traduction... Et une continuation!

Recientemente instalado en su base de Palombia, Zorglub comenzó a comprar las telas para los uniformes de los zorglhombres a Don Julio Steverlinck, un empresario textil belga, residente en Luján (Buenos Aires), o sea, la ciudad donde vive la que escribe estas líneas... Así, solucionaba sus problemas con el idioma (aunque Steverlinck era de raíz flamenca y Zorglub, creo, era valón), y no necesitaba de intermediarios americanos. La ruina de sus viejas bases científicas lo había hundido en un pozo de dolor... Y un pozo de furia que tenía el rostro de Pacôme de Champignac! Se sentía solo en la selva amazónica; no sólo le faltaba amor, también pensaba que un socio, -controlado por su autoridad-, sería perfecto para sus proyectos de mercado. No sabía que encontraría las dos cosas en el mismo lugar. Una noche de 35 grados de temperatura, sin estrellas, algo tormentosa, se dirigió hasta el centro de Chiquito, la ciudad capital. Su finalidad: cuerpos bonitos. Zorglub tenía en ese momento una molestia: una nigua* se había introducido en la palma de su mano. No se la podía quitar, el dolor era intenso. Sin embargo consideraba que rascarse la mano en público no era algo digno de un futuro amo del Mundo. El Citröen DS se detuvo en la puerta de un local iluminado por luces rojas. Los lugareños admiraron el raro coche y el porte del hombre que descendió de él. -Es un extranjero- dijo uno. -¡Feo, pero elegante!- contestó una mujer, con relucientes dientes lavados con ZUGOL.

Zorglub no entendía el idioma. Entró al lugar. La penumbra cubría todo. Fue sorprendido por la presencia de dos muchachos. Los dos eran robustos y morenos. Llevaban finos bigotes y un abundante jopo peinado a la gomina. “Buenas noches‿, saludaron al científico. “Bonsoir, les p´tits‿, sonrió Zorglub, un poquito perturbado. Los muchachos hablaban con voz fuerte, como queriendo tapar la música ensordecedora: un cha-cha-cha que atronaba desde los parlantes. A Zorglub esa melodía le parecía vulgar y tonta, “corazón de melón, de melón, melón, melón – corazón...‿. Miraba a los costados del salón y no veía mucho que digamos. Todo era oscuro, humo de cigarrillos, perfumes penetrantes... Los jóvenes se apiadaron de él, cada uno lo tomó de un brazo y lo sentaron delante del mostrador del barman. “Eh, viejito, con este se va a entender bien‿, dijo uno de los chicos, el más alto, con una sonrisa que destelló en ZUGOL. Señalaba al barman. Este, un joven también de bigotes pero con rasgos indudablemente europeos, giró su espalda y miró al recién llegado. -¡Así que europeo, el hombre!- dijo en francés. Le tendió la mano derecha, pues la izquierda sostenía una enorme coctelera. -Sí, soy belga. -¡También yo! Me llamo Zantafio. -Yo soy Zorglub. -¡Hé! Los dos nombres comienzan con zeta. -Disculpe, pero no hay otra Z como la mía. ¡Y sírvame gin con cola! Zantafio sonrió cínicamente, bajó la mirada y salió desde atrás del mostrador llevando una bandeja con una botella y un vaso. -Pero cómo no, M. Zorglub...- dijo mordiéndose los labios-.Vamos...Tome asiento. ÿntimamente, Zantafio adivinaba los trastornos mentales del connacional. Pensó además que Zorglub estaba en aquel país perdido del mundo por alguna razón de valor. ¿Negocios..? Tenía que averiguarlo. Desde que Zantafio, encarnado en el alter-ego del General Zantas, había sido derrotado por Spirou y Fantasio, vagabundeó por acá y por allá en busca de un destino o, mejor, a la caza de la manera de hacerse rico con poco esfuerzo. Trabajaba en aquel sitio de vicio y placer con la idea de que en ese tipo de lugares siempre se puede encontrar aquel contacto o aquel negocio turbio tan esperado. Por lo cual, confianzudo, se acodó a la mesa de Zorglub. Entablaron una conversación. Al final de la breve entrevista Zorglub supo que ya tenía un socio, y Zantafio supo que ya tenía un inocente al cual estafar. Se dieron de nuevo la mano, sellando el trato. Zantafio lanzó una risita malvada. -Muy bien, M. Zorglub. No se va a arrepentir de tomar mis servicios. En fin: beba su gin, que lo espera una noche muy especial... A propósito, quiero saber, ¿no se equivocó de lugar, usted? -¡No tiene derecho a preguntarme eso! Recuerde que desde hoy está bajo mis órdenes. -Oh, este es un antro de vicio, sí. Pero, insisto, ¿no entró en el sitio equivocado?- y con la mano señaló a un grupo de clientes. En el salón bailaban solamente parejas de hombres. La música era un bolero dulzón. -Ahora es usted el equivocado – replicó Zorglub, a su vez, con una risita malvada.


  • nigua: insecto del Amazonas que produce una infección en la piel al introducirse debajo de ella.

Current Mood: crazy