[Fic] The way we were; episodio 2 (Spanish)
Par Amber, lundi 18 décembre 2006 à 19:28 :: [Fanfictions] :: #128 :: rss
L'épisode présent a eté publié simultániement ici et a la communaté LJ ^^ S'il y a quelque probléme pour le voir ici, n'en doutez pas à aller a l'autre coté... Bonne lecture!
(Traducción chabacana al espanish XD)
Éste episodio ha sido publicado simultáneamente aquí y en la comunidad LJ. Si tenéis algún problema al verla aquí, no dudéis en pasaros por el otro lado
¡Buena lectura!
- Bien queridos alumnos… ¿alguno de vosotros puede decirme cual cree que es la fuente de energía que más ha influido en nuestra sociedad en los últimos años?
Miss Flanner y Zorglub levantaron la mirada de sus apuntes para mirarse entre sí de forma interrogativa. Aquella era ya la 5ª clase de la optativa “Aplicaciones de los recursos naturales en la química industrial‿ y desde el segundo día de clase Zorglub había tomado posiciones en el asiento contiguo al de la joven inglesa (según él dijo en el momento del cambio “Dado que la acción se concentra a ras del suelo, tendré un mejor control de la situación desde primera fila‿) El profesor Champignac (que insistía en ser llamado Pacôme asecas, aunque Miss Flanner dada su educación inglesa decidió que era mucho más correcto llamarlo “Professor‿) había dedicado las clases anteriores a las posibilidades de la energía eólica, a los múltiples usos del agua en la sociedad a lo largo de los siglos, a los microorganismos que tras ser descubiertos por causalidad marcaron un antes y un después en la medicina humana, y al uso de ciertas enzimas animales en la industria alimentaria. Era pues la primera vez en todo el curso que les hacía partícipes de la clase, por lo que la pregunta les pilló a ambos de sorpresa.
- Vamos, amigos míos, no sean tímidos – les animó Pacôme – Seguro que ustedes tienen buenas ideas ¡No se abstengan de expresar su opinión!… ¿Sí, Miss Flanner? – preguntó al ver que la joven inglesa alzaba finalmente la mano.
- Well… creo que sin duda es el petróleo, Professor – dijo ella.
- Am… con todo respeto, Miss Flanner – intervino Zorglub alzando la mano tímidamente – yo creo que en cuestiones de energía, la Energía Nuclear tiene mucho más futuro…
Miss Flanner arrugó la nariz, un poco molesta de que le llevaran la contra. El profesor Champignac, por el contrario, parecía mostrarse verdaderamente interesado, a juzgar por su mirada y la media sonrisa que exhibía al tiempo que se mesaba la barbilla.
- Interesante… - dijo él tras un minuto de reflexión – Una divergencia de opiniones entre mi alumnado… Veamos Zorglub – señaló al aludido - ¿Porqué la energía nuclear?
- En fin, yo… - balbució Zorglub rascándose la nuca, sin saber por dónde empezar – Bueno, para empezar está demostrado que una simple barra de uranio enriquecido puede generar suficiente energía eléctrica como para iluminar ciudades enteras – argumentó – Y dada la vida media del uranio, es una forma muy barata de obtención de energía… Por no hablar que tanto su construcción como mantenimiento generan muchos más puestos de trabajo que una refinería de petróleo…Y cada vez se están encontrando más aplicaciones, por ejemplo en el campo de la medicina y tratamiento de ciertas enfermedades.
- Hum… bien, lo que dices es muy cierto, querido Zorglub – admitió Pacôme – Veo que está bien informado…
- Estuve visitando una central nuclear el primer año de carrera – declaró el otro con orgullo - ¡Y me pareció una visita de lo más instructiva!
- Eso se nota. – sonrió el profesor – Y díganos ¿sabe cómo se eliminan los residuos de las plantas nucleares?
- Eh, sí… Según me dijeron – meditó Zorglub tratando de recordar – las barras de uranio gastadas se guardan en bidones que luego se dejan sumergidos en agua hirviendo durante un par de días. Y más tarde los bidones se transportan hasta unas cámaras plomadas situadas a más de 100 metros de profundidad, especialmente construidas para su almacenamiento indefinido. Lo recuerdo bien porque yo también le hice esa misma pregunta al guía.
- Y… ¿le comentaron cuál era la vida media de esas barras una vez utilizadas?
- Euh… - meditó Zorglub dubitativo unos instantes – Yo… bueno, no pregunté, la verdad…
- Bien, pues, permítame instruirle un poco al respecto, querido Zorglub… El uranio, tal como dices, posee tal energía potencial que puede durar años sin gastarse pero… Desafortunadamente su vida media una vez que su vida útil ha tocado a su fin, es casi tanto o más elevada. ¡A veces su energía residual podría durar siglos! Esto hace que su almacenamiento resulte problemático… y caro para el bolsillo de los contribuyentes – añadió – Tampoco la construcción y mantenimiento de la propia planta es precisamente barato. Además, se han dado recientemente casos de intoxicaciones en poblaciones cercanas a las centrales nucleares y aún se está investigando hasta qué punto la contaminación de las aguas por los escapes en algunos almacenes tienen algo que ver con el asunto… Y si se trata de producir energía lumínica de bajo consumo, permítanme que les muestre algo….
Tras decir esto, el profesor Champignac abrió su cartera y sacó un pequeño tarro opaco, que depositó sobre su mesa.
- Acérquense, amigos míos, se los ruego – les invitó él – Ah, eso sí, ¿tendríais la amabilidad de apagar las luces primero? Todas las luces, sin excepción, por favor…
Miss Flanner hizo lo que le había pedido y luego se acercó tanteando a ciegas a la mesa donde Pacôme les esperaba. Oyó cómo alguien caía con gran estruendo y dedujo que se trataba de Zorglub, quien seguramente al no ver dónde estaban los escalones que llevaban al estrado, habría tropezado. Luego oyó cómo se acercaba trastabillando a la mesa hasta que le notó a su lado, murmurando una salva de maldiciones casi inaudibles.
- ¿Ya estamos todos? Muy bien – se aseguró Pacôme antes de abrir el bote – Señoras y señores… bueno, o en nuestro caso, señor y señorita – bromeó – permítanme que les presente al Agaricus luminiscens
En un instante la mesa y sus alrededores fueron iluminados por la tenue luz proveniente de lo que en apariencia no era más que una simple seta. Los dos alumnos dejaron escapar un “ooooh‿ de asombro ante aquel milagro de la naturaleza.
- ¡Es impresionante! – exclamó Zorglub.
- Indeed! – afirmó Miss Flanner a su vez – Pero díganos, Professor Champignac, ¿es éste hongo alguna clase de mutación?
- ¡Al contrario querida! Se trata de una especie rara, poco estudiada y que crece en muy escasos lugares. He tenido la suerte de que las cavas de unos familiares sea uno de ellos… Veréis: éste hongo no posee melanocitos, sino unas células especializadas que gracias a la energía obtenida de los nutrientes es capaz de generar esta luminiscencia… es un mecanismo para atraer a las polillas que se encargan de dispersar las esporas y ayudarles en su reproducción…
Miss Flanner escuchaba la explicación sólo a medias, fascinada por el pequeño hongo alargado y luminiscente que tenía ante sí. Anonadada ante la belleza de aquel ser e hipnotizada por su luz cual si de una polilla se tratase, se sentía tentada de tocarlo, de comprobar con sus propias manos que aquello era real y tangible. Pero dudaba y se contenía, temerosa de que si así lo hiciera rompería con su acción el encanto de aquel precioso instante.
- Toque si quiere, querida, no tenga miedo, es perfectamente inofensiva. – concedió el profesor adivinando sus intenciones. Ella finalmente rozó con sus finos dedos la superficie, maravillándose con su suave tacto – Podéis tocar y mirar cuanto queráis, he traído para todos – añadió sacando dos botes más, que enseguida empezaron a brillar con luz propia, iluminando cada vez más el aula. – Bien, si no recuerdo mal – prosiguió – esta aula está normalmente iluminada por… unas 20 bombillas ¿verdad? Y sin embargo, ¡mirad! ¡Con sólo 3 de estos magníficos ejemplares ya hemos alumbrado casi toda la estancia! Así que calculo que bastarán 5 de estas setas para iluminar el aula completa, 8 para tener una óptima visibilidad… Lo que supone un considerable ahorro de material ¡y no es necesario ningún tipo de instalación compleja! Ahora mismo estoy estudiando la posibilidad de cultivar éstos especímenes en condiciones de laboratorio a gran escala, si tengo éxito quizás de aquí a no pocos años la “energía fúngica‿ desbanque a la eléctrica.
- ¿Y éste otro frasco que está ahí? – quiso saber Zorglub al observar que el profesor tenía a su lado un cuarto bote todavía sin abrir. Éste por su parte sonrió satisfecho.
- ¡Me alegro que me hagas esa pregunta, querido Zorglub! Y contestando a su pregunta… - añadió cogiendo el bote y abriéndolo con sumo cuidado para mostrarles su contenido - … descubrí estos pequeños ejemplares por casualidad la semana pasada. Estaban dentro de un armario, herencia de mi bisabuelo Maurice-Pascal de Champignac. Al principio creí que estaba siendo atacado por las termitas ¡pero nada más lejos de la realidad! Descubrí que en realidad los causantes de tales destrozos eran estos hongos saprofíticos, que poseen una maquinaria enzimática capaz de reducir la madera de la que se alimentan a un compost muy fino…
- And ¿qué utilidad tendría eso?
- ¡¡Muchísima, Miss!! Las aplicaciones de estos hongos y el compost que producen pueden ser infinitas! – exclamó el profesor entusiasmado – Aparte de la gran cantidad de muebles viejos y cabañas de madera inhabitables que podrían ser transformados en abono para jardín, con el consiguiente ahorro de espacio y desechos, piense en todas esas zonas forestales arrasadas por los incendios que podrían volver a florecer en cuestión de días, gracias a la acción de este hongo…
- Euh, profesor…
- Pero tienen un pequeño inconveniente, Miss, y es que en contacto con su alimento de preferencia, duplican e incluso triplican su población en pocos minutos. Por eso hay que manejarlos con sumo cuidado, ya que el más mínimo fallo podría…
- Estooo, perdone que le interrumpa, profesor, pero es importante…
- Sí, querido Zorglub, ¿de qué se trata?
- Es que verá… he volcado sin querer el frasco que contenía esos hongos y… bueno, sólo ha sido un poquito, pero…
Sobrevino entonces un silencio sepulcral. Justo un minuto después una de las patas de la mesa del profesor cedió y se rompió, desequilibrando la mesa y haciendo que el frasco, junto con el resto de los hongos devoradores de madera que quedaban, rodara por toda su extensión, hasta caer y hacerse añicos en el suelo.
- Oooops…
***
Tres minutos después, el aula 13.a había sido invadida en su totalidad por los pequeños hongos amantes de la madera, con la consecuente desaparición de mesas, bancos de pupitres, gradas… hasta la madera de los lápices y los folios habían sido consumidos. Los dos alumnos y el profesor se encontraban inmóviles, subidos como podían al armazón de acero de la silla del profesor, abrazados y temerosos de mover siquiera un músculo, rodeados de aquella masa informe marronácea que constituía la mezcla de la colonia de hongos y el compost que producían.
- Em… Bueno, queridos alumnos – habló Pacôme finalmente – en cuanto mi reciente descubrimiento nos deje salir de aquí, os doy permiso para marcharos a casa… creo que la clase se ha acabado por hoy.

Commentaires
1. Le lundi 18 décembre 2006 à 22:31, par Maria
Ajouter un commentaire
Les commentaires pour ce billet sont fermés.